Se termina la vida backpacker, la vida mejor.

He hecho skydive, surf, buceo, submarinismo con tortugas y algún que otro tiburón, trekking por glaciares, paddle surf, kayak y canoa. Canyoning y descenso por cascadas y volado en helicóptero.

Visitado dos países. Conocido tres estados de Australia, uno de Nueva Zelanda. Vivido en un hostal compartiendo habitación siempre con 7 personas, en una caravana un mes y en un apartamento con cuatro chicas asiáticas. He aprendido a disfrutar más de las pequeñas cosas, como que te den pan con leche y cereales para desayunar o que me toque la litera de abajo al dormir.
Hace un año jamás pensé que podría hablar fluido ingles, y he conseguido subir dos niveles más de cuando me fui. Conocido gente de toda parte del mundo.
Trabajado en granjas y plantación de verduras, los cuales nunca hubiera pensado.
Aprendido a vivir con cinco camisetas y tres pantalones, y dos pares de zapatos. A no llevar tacones durante seis meses.
A vivir el día a día, llevar mi mochila a las espaldas y en el mismo día decides en qué albergue dormirás.

En Nueva Zelanda la gente también iba sin zapatos, como en Brisbane.
Lo que más me gusta de toda Oceanía es la gente, te sonríen por la calle sin conocerte, y qué más da. Son felices y comparten su felicidad. Qué bonito es responderle con otra sonrisa.

Y eso es precioso, voy por la calle; te conozco y me conoces, pero no tenemos relación ninguna. ¿Por qué no decir buenos días? Que alguien te dé los buenos días no está de más, no puede hacerte mal. Elegimos ser peor persona de lo fácil que podría ser buena persona.

Piden disculpas por todo, por lo más mínimo, como por ejemplo ir a coger algo de algún sitio y que esa persona esté muy cerca tuya, piden perdón por si te molesta. Llega un punto que me irrita, no sientes el perdón. ¡No pidas perdón! Pero bueno, son muy educados y respetuosos.

Y se ayudan entre sí, da igual las nacionalidades. Ellos te ayudan. Son los menos racistas de todo el mundo creo yo, y sino parte de él. Dan muchísimo dinero siempre para ayudas y donaciones, me he encontrado con personas mayores que me han pagado comida en el avión y otras chicas jóvenes que querían ayudarme a pagar el sobrepeso de mi equipaje. Sin palabras.

En Nueva Zelanda respiras naturaleza de verdad. Jamás vi tantas montañas al rededor mía con cascadas. Todo el país muy verde.
Y no se paga agua, ni en los restaurantes ni en viviendas como gastos. Obviamente si quieres una botella de otro tipo de agua especial, la hay, y la pagas. Pero eso ya se lo dejamos a los no-backpacker. A los turistas, no viajeros.

Ser viajero o backpacker es lo mejor, y también las mejores personas. Te vas y regalas la comida que te ha sobrado, y alguna que otra ropa que quieres deshacerte de ella por el equipaje.¡Y cómo lo agradecemos!
¿Qué no tenemos platos suficientes? Comemos en cacerolas, sartenes y tapas de olla. Somos muy simples.
Sí, he comido espaguetis a la boloñesa en una sartén. El mango es muy usual a la hora de comer, ojo.

Aceptamos a todos, y nos adaptamos a todas circunstancias. También es duro no saber dónde dormirás el día siguiente, o estar mudándote cada cuatro días. Somos como unos mini Frank en la Jungla pero sin ser kamikaze. Por ahorrar en la secadora, secamos la ropa con el secador. Hasta incluso a veces somos “guarris” y le damos la vuelta a los calcetines si no tenemos limpios. Llevamos cualquier combinación de ropa con tal de subsistir al frío, y usamos chandal como pijama, o cualquier ropa. Qué más da, voy a dormir… No a una entrevista de trabajo.

Y hablando de trabajo, son los que menos juzgan. Me he encontrado con banqueros hasta con los dedos tatuados. ¿Son peores o malas personas por llevar tatuajes? Te pueden sacar un currículum mejor que el de muchos empresarios. Con varias carreras, master e idiomas. No miran mal, ni mal piensan ni optas a menos posibilidades por, simplemente, tener un dibujo en el cuerpo. ¡¿Qué pasa, que la tinta nos transforma en corruptos, en bandidos?!

Qué atrasados vamos con España…

Y ves todo de otra manera, valoras tanto y te das cuenta de lo sencilla que es la vida. Y que si quieres viajar no tienes que esperar a que tu amiga esté disponible y te acompañe. Coge billete y te vas con tu mochila sola, un fin de semana a cualquier lugar, una vez estés allí encuentras albergue. Y es la forma más barata de viajar. No hay excusas.

Porque viajar es la única cosa que te hace pobre y rica al mismo tiempo.
Y no dejaré de hacerlo.

Y después de 160 días fuera de España, bajo de las nubes, despierto de este sueño y regreso…

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Con sabor a un ” Hasta pronto”.

Mañana, viernes día 18 de Abril del 2014, faltarán dos semanas para estar en casa.

Decidí volver antes porque ya he visto todo lo que quería ver, ya superé mi objetivo, es tiempo de regresar y prepararte para las entrevistas de trabajo, descansar y ver a los tuyos. Los que sentías cerca a kilómetros de distancia.  Cuando decidí volver antes me sentí de una manera que no se puede explicar; mi viaje, mi sueño está terminando… Parecía que no llegaba este momento, y mírame, haciendo maletas porque en dos días me voy a Nueva Zelanda otros diez días.

Me sentía triste, como melancólica sin todavía haber ocurrido tal situación. Pensé que debía de estar agradecida y feliz por haber estado unos seis meses en Oceanía, y no triste por irme quince días antes de lo previsto, era de egoísta tener tal sentimiento.

Así que fueron pasando los días y poco a poco asumí mi vuelta, que todavía no imagino.

Tengo muchos miedos, como los que tiene todo el mundo después de estar largo tiempo fuera, de conocer otra cultura, de adaptarse a esa cultura y de ver que las cosas que te preocupaban antes son muy sencillas de solucionar ahora. Todo es mucho más fácil desde otra parte del mundo. Comparas y sé que siempre acaba perdiendo tu país. Porque lo ves retraído, obsoleto, no avanza, no.

Pero también le debemos mucho, sobre todas las cosas, el estar en este planeta. Mi miedo se debe a que no quiero perder esta mentalidad de ahora, esta libertad de ver las cosas diferentes, de aceptar a las personas y cosas como son y vienen, y no prejuzgar. Tengo miedo de volverme a intoxicar.

Pero esta vez no tocaré fondo otra vez, hay mucho mundo por ver como para cambiar, simplemente por evitar el qué dirán. Y es que una vez tocas fondo todo lo que hagas será mejoría, todo va yendo a mejor. Y así pasa cuando sales de tu país, el pensamiento de “si todo vuelve a ser gris, me piro.”

Conoces mil y una personas diferentes las cuales se cruzan en tu camino por algo, eso lo he corroborado con el tiempo. Todos pintan y colorean algo en tu vida. He conocido personas de treinta largos años que cambiaron toda su vida, dejaron su país y un trabajo estable por venir a Australia y rehacer una nueva vida, empezar de cero. Porque tengas la edad que tengas, solo tienes una vida, disfruta. Haz, deshaz y rehaz. Pero muévete.

Parece que ha pasado mucho más tiempo desde que me fui. Llegué a Australia cuando en España era invierno, y ahora ellos están nadando en la playa y tomando el sol. Es un sentimiento de… “me fui, y ellos seguían su rumbo, nada se ha parado. Pero una parte de ellos han estado esperándome.” No sé explicar este sentimiento agridulce.

Es algo como cuando te vas a hacer una misión, que pasas una larga temporada fuera, para una de las dos partes es dura temporada y cuando vuelves todo es raro, muy vulnerable, pero los que te importan continúan estando. Y los que te importan empiezan a ser más. Y obviamente las dos partes maduran, unas abren mente, ganan paciencia y dejan las tonterías. Valoran más lo que antes tenían y no asimilaban suficientemente. Conoces más a los tuyos y los no tan tuyos, haces criba en las amistades, en cambio otras, te sorprenden.

¿Será que cuando uno se aleja los demás se acercan para impregnarse de lo aprendido? Quiero decir, que muchas personas muestran interés sobre aquéllas que se marchan, cuando aquéllas regresan. Quieren que les cuentes cómo es el mundo exterior, que intercambies las experiencias.  Porque ni todos pueden irse, ni todos pueden quedarse.

Pero te diré una cosa; por muchas fotos que puedas ver, no es el mismo sentimiento como el haberlas hecho tú mismo. No te quedes en este país con la sensación de “tenía que haberme ido”, ni te vayas con la sensación de “por qué he tenido que irme”. Vete o quédate con la sensación de que fue lo correcto, porque encontraste todos los motivos suficientes para hacerlo y no sus alternativas.

Y así con todo, aprendes, cambias, corriges, ganas y pierdes. Porque el irte a miles y miles de kilómetros lejos de tu tierra supone irte despidiendo a cada paso que das. Conoces personas que quizá (por mala suerte) no vuelves a ver. Y es que la vida es eso, aprender a decir adiós.

Pero yo no quiero decir adiós a Australia, me trató tan bien, gané tanto como exterior como interiormente hablando. De hecho, tengo trabajo si volviera a la ciudad de Brisbane, mi jefa me adora.

Puedo decir con seguridad que el Karma existe, lo he comprobado estando aquí. La suerte que he tenido en todo el viaje era compensada.  El ejemplo más simple; me robaron una chaqueta estando de fiesta, y justo hoy me he encontrado una.

Y llegaré a ese aeropuerto el cual esperan todas y cada una de las familias detrás de la barra de metal que separa el aprendizaje con el que vuelven todos los que se fueron, y las ganas con las que esperan aquellos que se quedaron. El mismo espacio en el que las lágrimas más sinceras y amargas se juntan. El lugar en el que te das cuenta, más que nunca, que la relación que tienes con tu país es de amor-odio.

Porque la marca España no hace más que dejarme cicatrices emocionales por todo.

Porque detrás de cada lágrima derramada por lo que dejé, nacen sonrisas ante todo aquello que descubrí.

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Conociendo los Estados de Oceanía: New South Wales y Victoria.

I apologize.

De verás, llevo semanas pensando que debo escribir. Sí, debo. Porque todo pasa muy deprisa y más cuando estás cambiando de ciudad cada mes, debo de plasmar mis recuerdos aquí, mis primeras sensaciones para recordarlo eternamente. Y no, no encuentro tiempo para escribir, supongo que es bueno.

Si antes estaba a nueve horas por delante de España, me fui más lejos, a diez horas.

Visité Sydney, New South Wales , esa ciudad que está sobre catalogada, las personas me parecían antipáticas, de esas que te ven con un mapa y no te dicen nada, (puede que esté acostumbrada que en Brisbane no necesitas pedir ayuda para tenerla) y pobre de ti si te girabas en mitad de la calle para ir en contra dirección porque querías regresar, podrías tener un esguince y golpes severos. Las personas corren más que andan y había pasos de ceda que eran intersecciones de cuatro carreteras. Imagina, ¡qué barbaridad!.

Allí en Sydney es todo carísimo, montarme en el metro y bajarme en tres paradas me costaba $5, El Hungry Jacks que todos conocemos de Australia (Burger King en España) era tres veces el precio de Brisbane. ¿Por qué? se supone que es la misma cadena; de hecho le pregunté indignada al chico que trabajaba ahí. Why is the price more expensive than Brisbane? it’s the same company. Se limitó a responderme: It’s Sydney.

Y todo quedó claro.

Estuve allí viviendo en casa de un policía, recomiendo mucho utilizar la página couchsurfing para todos los viajes que puedas o estés pensando hacer. Escoges entre las personas que están disponible para hospedarte, intercambias idioma, aprendes, conoces gente nueva, y te enseñan su ciudad… Pero hacer eso en España sería de locos, cada vez me siento menos española, mi mente se ha abierto tanto que incluso me atrevería a decir que no soy la misma para nada. Cada respiro es otra oportunidad en la vida, qué feliz me siento con tan poco. Dejé atrás los prejuicios y los malos pensamientos.

Un ejemplo breve pero que entenderás es cuando los españoles decimos “Cuídate.” Uy! algo pasa ahí, tiene un significado escondido que refleja un “no voy a saber más de tu vida ni pienso preocuparme por ti”. Y claro, llegas a otra ciudad, otro país, otro continente y gracias (a quién sea) que un “cuídate” el significado escondido es ” porque me importas, cuídate de verás”

 

Pero disfruté de Sydney, pude ver la gran ciudad que es y como las personas se mueven. No he estado nunca pero me recuerda tanto a las películas que se ruedan en Nueva York, y el centro de Sydney con algunos (bastantes, comparados con otras ciudades) edificios clásicos y antiguos, a Barcelona.

Fui al acuario y pude ver ornitorrincos (me encantan, me encantan),, enormes tiburones y focas marinas descomunales. Pasé un día en un Jardín Chino el cual las chicas me cogieron, me disfrazaron y se dedicaron a hacerme fotos disfrazada por todo el jardín… Nunca estarás sola allá dónde quiera que vayas.

 

Me mudé a Melbourne al cuarto día de estar en Sydney, sabía que mi cuenta bancaria necesitaba un respiro.

Y desde el minuto uno que pisé Melbourne, Victoria, me pareció totalmente diferente, pensé: ¿Estoy en Australia? Y es que no había metro/tren del aeropuerto a la ciudad, tienes que utilizar el SkyBus.

Cuando vi la ciudad me enamoré al instante, es tan preciosa, tan completa y tan internacional que me siento como en casa. Personas de todas partes del mundo, las cuales te ayudan si te ven con un mapa, (como en mi querida ciudad Brisbane) Y lo más importante para un viajero como yo; el precio vuelve a su estandar.

Estoy viviendo en una casa enorme en la playa, desde que pisé Oceanía no he parado de tener suerte en tema hospedaje y laboral. Supongo que es el Karma que me lo está devolviendo, quiero creer que por fin estoy recogiendo mi cosecha. En cuanto al amor, mejor ignorar ese tema, no me quejo, no exijamos al Karma demasiado…

Y me siento como en Ibiza, sweet home, no escucho tráfico, no veo edificios altos, solo escucho el mar, (el tren de fondo algunas veces) y tengo mi rutina/equilibrio. Cómo agradecí conocer a Andrew, un chico de 30 años el que lleva cinco años estudiando español, y obviamente es un intercambio de idiomas muy factitivo. Un día inglés, un día español. ¿Sabéis que al principio no hablaba español bien? hablo de mí misma. Y es que solo escribo español, pero hacía meses y meses que no lo hablaba (diez horas de diferencia hacen que skype no sea posible) Y claro, qué bien desconectar del inglés, sobre todo cuando estás cansadísima o simplemente no es tu día, cuando me pasa eso hablo peor que un niño de primaria.

Visité un pueblecito de aquí llamado St Kilda, qué acogedor es, hay pingüinos en la playa los cuales que puedes ver con el amanecer y la puesta de sol. Y son azules, sí, pingüinos azules. También he visitado la península de aquí, muy famosa por sus viñedos y plantaciones de fresas, me recuerda muchísimo a mi Andalucía.

Trabajé durante tres semanas en una plantación de espinacas y lechuga. Tenía que estar en el almacén con cuatro mujeres más empaquetando la verdura y montando las cajas. Toda una experiencia, me despertaba a las 4,30am para estar trabajando a las 5,30am, ya dije en la primera entrada que estaba haciendo trabajos que jamás pensé que haría, y (probablemente, espero) no hacer más, que por algo soy licenciada en Administración y Dirección de Empresas. Pude ahorrar muchísimo, vivía con él sin pagar nada y trabajaba en su plantación. Otro español me hubiera cobrado renta, pero él me dijo: no me hace falta el dinero, puedes quedarte aquí el tiempo que quieras. 

Y ahí vemos otro claro ejemplo de como son los australianos, tan amables y tan poco avariciosos, ¡qué diferentes a los españoles!.

Y después de aprender a decir adiós, porque desde que llegas a otro país por breve tiempo debes de saber que todo lo que conzcas y a quién conozcas luego tendrá un adiós, con suerte un hasta luego. Me despedí de Alex, mi mejor amiga francesa en Australia, recorriendo The Great Ocean Road, no puedo explicar el paraíso que es con palabras…

Me quedan dos meses en Oceanía y después de perseguir Australia juntas desde que llegamos, tomamos diferentes caminos. Ella vuelve a Queensland y yo me quedo en Victoria, me mudo mañana a la ciudad, dejo la playa y la tranquilidad.

Pero es que ahora puedo entender cuando catalogan a Melbourne como mejor ciudad de todo el mundo para vivir por qué lo hacen. Y no descarto venir en un futuro a vivir aquí, cada vez que voy a la ciudad me enamoro más, cada día algo diferente y siempre algo que ver. Muchas ofertas de trabajo, gente de todo el mundo, y pisos económicos para alquilar. Me siento cerca de España hablando de sensaciones. Ya lo sé, soy probablemente una de las personas que más critica a España, pero (¿por suerte?) mis españoles preferidos hacen que quiera regresar a casa.

Jessica, Xx.

 

 

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Viviendo entre cuatro ruedas: bucket list done.

Después de la pequeña nostalgia hacia España la última vez que escribí, creo que ahora es momento de acabar de contar el viaje en cuatro ruedas durante 22 días. (Gané a los 21 días de Samantha 😎)

Después de estar tirados en la jungla decidimos que teníamos que salir de ahí aún con tormenta tropical. ¿Qué íbamos a hacer, esperar a q parara? Era de locos, en la jungla siempre llueve.

Fuimos camino a Airlie Beach, al llegar ahí fue como el paraíso que nos merecíamos. Todo muy hippie y muy feliz. Nos alojamos en Base backpacker por 10$ cada uno y teníamos piscina, cocina, sala de estar y baños. Justo en mitad del centro, mejor imposible.

Al día siguiente conocí las 74 islas Withsundays. La arena es blanca, los cangrejos que andan en ella son blancos y hacen agujeros en la arena seca para vivir bajo ella.
Hice snorkelling en esas aguas. En busca de tortugas lo que pude ver fueron corales y maravillosos peces.
En el barco conocí a dos chicas francesas (¡cómo no, plagado de franceses!) y los monitores eran un encanto de personas.

Así que el hacer snorkelling fue otro tachón a mi lista de “cosas por hacer antes de morir” (bucket list).

Después de tres días allí, la siguiente parada fue Rockhampton, con objetivo de ver Magnetic Island, así que estuvimos dos días allí. Fuimos a esa isla e hicimos trekking hasta los restos que quedaban de La Segunda Guerra Mundial y ver toda la ciudad desde allí lo alto.

Debo dejar como anécdota estar durmiendo en el césped del parque de la ciudad Rockhampton y despertarme una tremenda iguana de un metro de grande. Era una especie de mini cocodrilo. Algo muy normal en esa ciudad…

Al día siguiente decidimos ir a Mission Beach, nos decepcionó a ambos. Quizá fue porque se acercaba el otoño o porque en Australia el verano siempre es con lluvia. Pero estuvimos un día en un camping de caravanas descansando en el cual estaba repleto de diminutas ranas.

Al día siguiente partimos hacia Paronella Park, he de explayarme con este lugar porque quedé enamorada.

Justo lo construyó un español que residía en Barcelona y decidió irse a Australia por trabajo. allí construyó castillos como en España para no sentirse tan lejano. Volvió después de once años porque su hija iba a casarse y en ese viaje conoció a su segunda esposa la cual era 15 años más joven que él. Los dos regresaron a Australia y acabaron su palacio, contrató a dos indígenas para que les ayudasen, pero fue todo hecho a mano. (Pude ver las huellas de los dedos en el cemento de la pared, breathtaking)
Quise quedarme a vivir ahí de por vida, había unas cascadas las cuales se hicieron famosas en Australia. La mujer montó un negocio en su palacio, como una especie de cafetería y la gente que iba a trabajar paraban ahí de camino.

Fueron muy felices y tuvieron dos hijos. Los hijos aún siguen vivos pero se desentendieron de su casa y se fueron a la ciudad.

Me llegó tan tan profunda la historia… Él consiguió su sueño. Un ESPAÑOL hizo algo grande en Australia, hablo del año 1911.

No podía cerrar la boca de lo asombrada y emocionada que estaba por todo. Creo que es mi sitio preferido de toda Oceanía.
Al día siguiente fuimos a Cairns, destino final del viaje, 2000km y 14 días.

Por nuestra mala suerte estaba lloviendo. Aún así, yo fui ahí con objetivo de hacer buceo y nadar con tortugas. Y así lo hice, al día siguiente a las seis de la mañana me montaba en un barco con otras 20 personas para conocer The Great Barrier Reef, la cual es increíble, esta llena de colores bajo el mar y corales preciosos y sí, nadé con tortugas …y vi tiburones también. Me entró ansiedad bajo el agua, es peor eso que tirarse del avión a 14000pies. (Te lo digo por experiencia) pero solamente son los cinco minutos primeros, luego me sentí como mi dibujo de Disney preferido, La Sirenita. Y así tache una vez más mi Bucket list.

Estuvimos durmiendo en un camping de caravanas a 2km del centro, teníamos piscina, cocina y enormes baños. Pasamos tres días y tocaba rumbo volver a la ciudad, antes de lo previsto porque necesitábamos trabajar el próximo fin de semana para recuperar dinero.

Conseguimos estar en Brisbane en tres días, pero los otros tres días durmiendo en la caravana en la ciudad fue lo peor. Es difícil encontrar sitios legales. Nosotros tuvimos suerte y aparcamos para trasnochar en zonas residenciales despertándonos a las seis de la madrugada para ir a Kangaroo Point y estar tranquilamente unas horas en un parque que lo permitía. Otra noche un amigo australiano nos dejó su parking, y pudimos desayunar como reyes en su casa.

Cuando devolvimos la caravana nos sentimos libres. Poder andar sin estar preocupados del tiempo que estamos fuera, de sí molestamos o no. Y tuve una especie de jetlag, después de 22 días durmiendo seis horas diarias en el sofá del coche y conduciendo sin parar, pude valorar lo que es un hostal cualquiera como el que más.

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Un pequeño apunte: freedom.

Siempre fui un poco kamikaze e inocente. He hecho cosas que muchos no harían y sin pensar cosas que muchos piensan.
Es cierto, las cosas son simplemente cosas. Luego está el pensamiento sucio. Pero no es que haya cosas malas, es tu manera de ver. Y puede derivarte a no disfrutar de realmente lo que es la vida, de no conocer cosas diferentes, o incluso puede hacerte algo infeliz. No pienses demasiado… Deja que fluya.

Y es que soy un culo inquieto, amo la libertad y odio los prejuicios. Si ella es feliz, es feliz y ole.

Que parece fácil, pero no todos lo consiguen.

Estoy muy cansada de que las persona te tachen así porque ellos quieran, porque ellos simplemente no lo harían. Resulta que no soy tú, por mi suerte.

Y eso es lo que más amo de Australia, la mente abierta, aquí vas a un bar y las camareras están en lencería o en topless y nadie señala ni mira mal. ¡Qué va!

La gente respeta y no les hablan mal ni les hacen sentir inferior. Yo me quedé asombrada cuando lo vi, ¿pero sabéis el dineral que ganan?
Yo que hago de bikini model o bikini waitress durante dos o tres horas me llevo un gran sueldo, no quiero imaginar ellas.

Pero volvamos al punto donde estaba reivindicándome, sé que es lo de siempre, lo que todas las personas se quejan pero nadie empieza a hacer cambios.

A ver chica, te haces fotos en bikini y no pasa nada, ¿por qué si lo hace otra sí? Y así con todo, qué envidiosos o celosos somos.

Tengo la suerte de tener una familia con la mente abierta, doy gracias al que hizo que eso ocurriera. Mi madre es una de mis mejores amigas, seguro que la más duradera. Me siento completa cuando sabe mis cosas y cuando le cuento mis proyectos, juro mantener eso siempre.

Al hombre de mi vida lo conocí nada más nacer, mi padre. Es la humildad en persona, juro que él podría hacer estar tranquilo hasta a una termita comiendo. Lo echo tanto de menos…

Y luego está mi hermano, que no sabe todo lo que le admiro. Creo q es la persona que con menos es el más feliz. Le envidio por saber ser feliz sin salir de la isla, sin hacer mudanzas. Vive la vida despacio, no planifica nada antes de dos días.
Es el pequeño pero el calmado, no le gusta la fiesta ni tampoco salir mucho de casa. Totalmente opuesto a mí, por eso quizá lo quiero tanto. ¡Cómo me complementa!

Y yo … ¿De quién habré sacado esa manía de perderme, de no saber ser feliz en el mismo sitio por mucho tiempo? De conocer y conocer, de cambiar completamente mi vida en el mismo día tres veces. De planificar las cosas meses antes, y sino las tengo mi cabeza puede sufrir colapso. Siempre fui muy organizada, odio perder tiempo. Y no me gusta ver la tele, he dicho que odio perder tiempo, ¿no?.

Y aquí estoy, en la ciudad de Brisbane otra vez, terminando el domingo con música Chill out de fondo. Preparando mi equipaje para mudarme unos días a Sydney y luego Melbourne.
Ha empezado el otoño y joder, cómo añoro despertarme en casa bajo mi edredón e ir a desayunar churros con chocolate con mis padres. Eso de que el tiempo te provoca necesidades es cierto, pero yo sigo persiguiendo el verano y en dos meses y medio, por suerte o por desgracia, vuelvo a Ibiza. Sweet home.

Sé que debo acabar de contar mi viaje en cuatro ruedas, pero me levanté con ganas de España.

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Viviendo entre cuatro ruedas: perdidos en la jungla.

Día 23 de febrero, después de dos días en la jungla sin señal, durmiendo en el camino con lluvias tropicales y 51 picaduras de mosquitos ( sí, las he contado, maldigo a los spray anti mosquito que no funcionan lo suficiente), puedo dar señales de vida y publicar esto que escribí mientras estaba en la época que vivían mis padres, sin tecnologías que funcionaran.

Todo comenzó cuando nos dirigíamos a ver las cascadas con los ornitorrincos en Eugenlla, Mackay.
En el camino nos encontramos cruces del río con la carretera, los cuales estaban inundados, veíamos coches más bajos pasar y decidimos que con nuestra campervan también podíamos. Me encantó el camino.

Pero cuando estábamos andando, muy cerca de encontrar las preciosas cascadas, se hizo de noche y volvimos antes de verlas. El camino de vuelta era peligroso y oscuro, el camping que vimos en la ida estaba cerrado. Tuvimos que parar cerca porque pretendíamos al día siguiente ver las cascadas muy temprano y continuar nuestro viaje en caravana. El viaje de los 22 días por el noroeste de Australia.

Diabe, el chico con el que viajo, como mi hermano-amiga (pobre lo que me aguanta), no estaba convencido de dormir ahí, de hecho, creo que no durmió. Estuvo con la linterna pensando que estábamos en peligro. A mi estas cosas siempre me han emocionado, lo inesperado, dormir en mitad de la jungla sin preverlo antes. Porque nuestra casa tenía todo lo necesario para dormir en cualquier rincón, ¿por qué iba a preocuparme antes de tiempo?

Nos despertamos en mitad de la noche con lluvias increíbles y cerramos todas las ventanas del coche. Eso era una sauna, pero es la experiencia. Me desperté a las 6 de la mañana dispuesta a regresar a ver las cascadas, pero seguía lloviendo.

Hacer tus necesidades, lavarte los dientes y desayunar entre la lluvia no es muy confortable, pero me reí muchísimo. Decidimos usar una bolsa de basura de esas enormes negras a modo de chubasquero, y hacer vida normal fuera y si querías entrar usabas la toalla como regla para mantener lo que es nuestra casa rodante.

Pues bien, hoy justo hace una semana que vivo entre ruedas por la carretera. La experiencia es encantadora pero muy estresante y agotadora. No paras, el sol te consume más, porque no os olvidéis que desde las 9 am estamos a 30 grados aquí. Y demasiadas horas conduciendo. Mi maquillaje es la crema protección solar 50 y aún así me he llegado a quemar.

Pero ayer, al estar entre la jungla a las 8 pm decidí que era el momento de pensar en todo lo que había visto y pasado hasta hoy, y de asimilar qué estaba viviendo. Es todo tan rápido que no te da tiempo a saborear bien. Y no quiero pensar después de un mes … ” ¡ay, lo bien que estuve en ese viaje, cómo disfruté! ” quiero decirlo ahora, porque es ahora cuando estoy disfrutando.

Los primeros dos días del viaje fui a Byron Bay, es un pequeño pueblo a dos horas de Brisbane, muy surfero el pueblo. Toda la gente es encantadora y muy liberal, hice surf y me encantó, no será la última vez.

Allí fue fácil encontrar donde dormir, un camping gratis a 20 minutos conduciendo, Yelgoon fue lo suficiente.

Después tocaba Noosa, 7 horas conduciendo… Es muy fácil conducir aquí, todo muy bien señalado y hay señales con el juego de trivia con preguntas de Australia para que estés atento a la carretera y no te duermas. Aún así hay veces que nos perdemos, sobre todo cuando intentamos encontrar rincones no típicos. Pero todo lo conseguimos.

Noosa me enamoró, llegamos a una isla paradisiaca haciendo kayak y me sentía muy afortunada. De hecho, sé que lo soy. No todos pueden hacer esto, ya sea desde responsabilidades hasta situación económica. Es mi tiempo, todo lo que pretenda puedo hacerlo ahora, al menos intentar que lo sea.

En Noosa dormimos en un camping, Noosa River Caravan Park, a mi parecer, eso era de lujo. El río enfrente tuya al despertarte y duchas…! Obviamente era de pago, pero si ibas después de las 9,3pm estaba abierto y la oficina cerrada. ¿Destino?

Hablando de duchas, no sabéis cómo la valoramos. Tenemos que ducharnos en las duchas públicas que hay en los parques o playas. Yo cojo mis champús, mi toalla, y con mi bikini me voy tan pancha.

Por suerte todo los parques aquí tienen placas de barbacoa para cocinar, baños y con suerte alguna ducha. Australia está lleno de gente como nosotros, viviendo en cuatro ruedas o simplemente que los australianos se lo montan bien y hacen cosas diferentes. Siempre he dicho: “the aussies have a good life”

Estuvimos tres días en Noosa, uno de ellos decidimos hacer un tour por la Sunshine Coast y visitar Double Island Point, es algo que sólo los privilegiados pueden ver, acceder allí tiene que ser con un coche 4W, enormes y altas ruedas para poder ir sobre arena profunda.
Después ver The Red Canyon, que en mi opinión me decepcionó.
Pero al final evalúas el recorrido y fue una pasada recorrer 40 millas por la playa en ese coche especial, éramos seis personas.

Decidimos casi con la puesta de sol partir hacia Mackay, obviamente teníamos que hacer paradas, eran 1000 kilómetros. Fue la peor noche conduciendo, los nervios te pueden, el cansancio y discutes. Pero Diabe es ya como de mi familia, así que hablando todo se arregla, para todo. Dato importante.

Paramos para dormir en Rockhampton en mitad de la calle, en un aparcamiento normal. Diabe, un vez más, estaba preocupado y me despertó a las cinco de la mañana para partir. Yo había conseguido dormir solamente cuatro horas…

Llegamos a Sarina, un pueblo a 30 minutos de Mackay. Encontramos un camping no gratuito, pero decidimos pagar porque nos merecíamos un día de descanso, poder limpiar la ropa, descansar y preparar comida para los demás días. ¡Para mi asombro fue estupendo!

Nos hallábamos en Amstrong Beach, toda esa playa para los del camping. Estaba sola, pude relajarme y pensar mientras corría por la playa. Echaba de menos salir a correr.

A la mañana siguiente, muy temprano como siempre, nos despertamos a las 7 de la mañana y llegamos a Mackay.
Realmente lo que me encanta de esta ciudad son las afueras, la ciudad está muy bien por sus centros comerciales y Bluewater Lagoon, tres especies de piscinas-lagunas asombrosas con toboganes públicos.

Y aquí estoy, en las afueras de Mackay escribiendo en la caravana con la lluvia tropical. Ha pasado una hora y sigue a peor, he propuesto la idea de ir lloviendo a ver las cascadas, aquí la gente no usa paraguas cuando llueve. ¡Quiero ser una spanish aussie!

Pero el francés que tengo a mi lado es el que piensa con el freno puesto y no sé como acabará este día 22 de febrero.

G’day mate!

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Deep Thoughts.

Esta noche he venido a escribirte sin descaro, que no tengo nada que perder porque te has llevado mucho, casi todo. Pero solo casi.

Que no me arrepiento absolutamente de nada de las heridas que me hiciste, ni de cómo me has tratado, ni de cómo golpeaste.

Que todo es pasajero. Ocurrió. Existió. Fue un tremendo acierto o una jodida derrota. Pero fue y ya nunca más será. Y eso eres: Pasado.

Por eso estoy aquí, abrazándote y dándote las gracias. Porque me has hecho darme cuenta de muchas cosas (más malas que buenas quizá) pero siempre dando yo mi cien por cien.

Aprendí que no siempre somos dueños de lo que soñamos. Y que el hecho de desear mucho a algo o alguien no conlleva a que se pueda conseguir. Pero eso sí, rendirte ayuda menos.

He luchado siempre hasta el último momento, hasta que el más valiente no aguantaría. ¿Estúpida por intentar salvar lo insalvable y perdonar lo imperdonable? Puede ser… Pero totalmente orgullosa de mi. Y joder, eso sí que es difícil.

Me has hecho fuerte, quizá demasiado. Algunos incluso se atreverían a decir que soy más coraza que corazón. Pero tú sabes que no es verdad, que lo intenté, que arriesgué y que por eso existes.

Se me da fatal rendirme, y si te escribo no es porque lo haga, sino porque he aprendido a sobrevivir contigo (que no a vivir). Que no te pido nada porque te lo llevaste casi todo, pero tengo que confesar que me enseñaste a sonreírle a cada puta lágrima y eso ya es mucho, podríamos decir que la balanza está equilibrada.

Y sabiendo que todo es pasajero, no pienso preocuparme más. Porque sé que volverás, quizá con otros labios, distinta sonrisa y nuevas caídas. Pero tú.

Y te recibiré sin miedos absurdos, que ya sabes que sólo se puede temer a lo que conoces. Y tú seguirás siendo tú. Pero en presente. (No pienso parpadear, te lo prometo).

Así que ven, que te espero siendo la misma pero contigo en cada cicatriz. Que volveré a luchar por retenerte, aunque te me vuelvas a escapar de las manos.

Pero en presente, pasado. Que te quiero recordar como hoy, en un futuro. Y es que no se puede echar de menos a lo que nunca se va ni tampoco se puede querer lo que no está.

No culpo a mi corazón por querer seguir su camino sin tenerme en cuenta. Siempre ha ido por delante de mí, qué le haremos. Todos nos quejamos de estar solos y no valoramos los beneficios que ello conlleva.

Hakuna matata.

From Jessica Castillo to The Love.

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